"El máster me proporcionó los recursos que necesitaba para desarrollar una visión creativa y de amplio alcance en mi siguiente etapa, algo que es casi imposible de hacer cuando no tienes la oportunidad de alejarte lo más mínimo del trabajo diario."

Ross, Francia

Volver

Ross Belhomme

Sobre mí

Soy de una isla escondida en la costa del norte de Francia: la isla de Jersey, un lugar que se caracteriza por su pequeño tamaño, su antigüedad y su belleza. Parcialmente apartada de la ira del océano Atlántico, Jersey es famosa por lo abrupto de su paisaje y la fertilidad de la tierra.
Los primeros 20 años de mi carrera profesional y académica se centraron en el sector de la industria legal dedicado a los fideicomisos y a lo fiduciario. Nos encargamos fundamentalmente de asesorar a familias y empresas, y les ayudamos a trabajar con las estructuras legales para facilitar las transacciones y proteger su patrimonio y sus bienes. Nuestro órgano administrativo se llama Society of Trust and Estate Practitioners, de cuyo grupo focal de Activos Digitales soy actualmente vicepresidente. Descubrí que mis habilidades tenían mucha demanda en Suiza, así que hace 15 años decidí irme de Jersey para explorar el mundo. Los Alpes y los valles suizos me permitieron mantener los fuertes lazos con la naturaleza que la vida en la isla me había dado.
QUIÉN

Ross Belhomme, Francia

POSICIÓN

Alumno de Máster

Programa realizado

Master in Legal Tech

¿Qué te impulsó a hacer un máster en Legaltech?

Yo era uno de esos niños que se entretenía con los ordenadores y otras herramientas tecnológicas hasta entender cómo conseguir de ellas lo que quería. Ya de adulto, y después de una serie de acontecimientos, frustraciones y bruscas revelaciones, se hizo evidente que necesitaba entender la tecnología de manera más profunda para poder avanzar en mi profesión como abogado y fideicomisario. Necesitaba coger el toro por los cuernos en lo que se refiere a las nuevas herramientas que estaban surgiendo rápidamente para poder atender y proteger a mis clientes, y reinventar nuestras estructuras organizativas y las prácticas de trabajo obsoletas. Lo que es más importante, los propios clientes estaban usando cada vez más la tecnología o, en algunos casos, dejándose confundir por ella. Quería estar al corriente de las últimas tecnologías para poder hablar con ellos de forma experta y asesorarles en consecuencia.

Al mismo tiempo, sentía el deseo de forjar un liderazgo significativo en mi sector. Quería tener más personas con visión de futuro y mentalidad tecnológica en mi red de contactos profesionales. El hecho de hacer un máster en una universidad tan internacional me pareció una posibilidad de alcanzar un objetivo que era ambicioso, pero que se podía lograr.

Empecé a buscar cursos que se ajustaran a mis necesidades, pero en un principio no encontré nada que estuviese a la altura. Me sentí decepcionado, pero no me rendí. Dejé a un lado la búsqueda durante unos meses y decidí volver a intentarlo más adelante si seguía pensando que era una decisión acertada. Cuando volví a investigar, los resultados de la búsqueda me mostraron inmediatamente el programa de IE, un curso que cubría todos mis objetivos y deseos.

 

¿De qué manera te ha servido el máster en tu carrera profesional?

El mundo contemporáneo está diseñado para distraernos. Está pensado para restringir nuestra percepción con miedo, entretenimiento y sobrecarga sensorial. El máster de IE está diseñado de tal manera que no es solo un período de aprendizaje y adquisición de nuevos conocimientos, sino que es también una experiencia para abrir la mente, aclarar el pensamiento y permitir que la creatividad fluya, lo que nos anima a aplicar las ideas de forma práctica.

A lo largo de todo el programa estuve pensando constantemente en cómo aplicar las nuevas ideas e inspirarme en los éxitos que otros habían logrado en sus respectivos sectores para orientar mis propios objetivos. El máster me proporcionó los recursos que necesitaba para desarrollar una visión creativa y de amplio alcance en mi siguiente etapa, algo que es casi imposible de hacer cuando no tienes la oportunidad de alejarte lo más mínimo del trabajo diario.

 

¿Qué te parecieron las experiencias en los campus de Madrid, Tel Aviv y Silicon Valley? ¿Cuál te gustó más? ¿Por qué?

Todos ellas han sido mágicas a su manera: las tres etapas han sido una aventura transformadora. La primera etapa en Madrid, en marzo, me brindó la oportunidad de conocer a todos los compañeros, a los que ahora llamo amigos, en una ciudad efervescente y llena de la inagotable hospitalidad española. Las noches que se alargaban y las clases a primera hora fueron parte del proceso de iniciación, lo que me permitió reflexionar y darme cuenta de que no podía seguir trabajando como lo había hecho hasta entonces.

Después de una temporada online de mucha actividad, la siguiente fase en el campus tuvo lugar en mayo y nos permitió sumergirnos en el enigmático mundo de Silicon Valley, que superó todas nuestras expectativas. Entender este ecosistema único y circular es algo que solo puede lograrse viviéndolo en primera persona, y el campus de Stanford es un centro neurálgico y el lugar ideal para hacerlo. A continuación, le siguió un verano en el que tuvimos que entregar trabajos con plazos muy estrictos, algo que supuso todo un reto incluso para los compañeros más diligentes ya que tuvimos que organizar las ideas que surgían a toda velocidad en un formato estructurado mediante el arte de la prosa escrita.

Por último, estuvimos listos para lo que ha sido mi etapa favorita: la estancia en Tel Aviv en septiembre. A esas alturas, ya tenía claro lo que iba a hacer cuando volviera al sector, pero aún necesitaba definir un poco los que iban a ser mis siguientes pasos. El tiempo que pasé junto a mis compañeros y otras personas que me inspiraron en una parte tan sagrada del mundo, me permitió pulir mis ideas. La organización y la hospitalidad de IDC Herzliya fueron increíbles. Agradezco haber podido conocer el funcionamiento interno que facilita el desarrollo, la construcción y la exportación de soluciones tecnológicas, así como haber podido comprender el papel fundamental que la cultura y el patrimonio judíos desempeñan en las mismas. En particular, descubrí que el valor judío de la confianza en uno mismo era algo que podía integrar en mi desarrollo personal y profesional para apartar los miedos que se presentan a lo largo del camino y hacer realidad mi visión.


¿Nos puedes contar algo más sobre tu experiencia a la hora de participar en los retos del máster?

Como parte de las experiencias en el campus, los participantes tienen que enfrentarse a una serie de retos. Se trata básicamente de una forma de aprender a trabajar en un equipo formado por personas de todo el mundo, utilizando la tecnología para conseguir un objetivo. Lo más importante fue que tuvimos que aprender y tener en cuenta la cultura y la personalidad de las personas con la que trabajábamos y así colaborar para ofrecer rápidamente una solución tecnológica a grandes empresas como el Banco Santander o Google.

Esta experiencia me demostró que las habilidades blandas siguen siendo cruciales para lograr los objetivos en un equipo integrado por personas, algo que muchos tienden a ignorar en un mundo académico dominado por los exámenes. A pesar de que los retos fueron muy difíciles, al final siempre tuvimos éxito.

 

¿Cómo ha sido la experiencia de hacer un máster con un formato que combina el aprendizaje online y el presencial?

Para mí, esta combinación de modalidades fue decisiva, ya que quería continuar con mis compromisos profesionales, pero también pasar un tiempo lejos de las distracciones cotidianas para centrar mi atención en el futuro. Esta flexibilidad permitió también que los alumnos de la clase fueran profesionales destacados de diferentes sectores. El intercambio de experiencias con visionarios de todo el mundo fue una experiencia muy provechosa.

 

¿Cómo describirías tu experiencia en IE?

IE es una institución muy vanguardista. Fuimos los primeros estudiantes del máster en Legal Tech que se estaba empezando a impartir. Se trataba de un programa muy ambicioso, y no puedo ni imaginarme la magnitud del trabajo que se llevó a cabo en segundo plano para crear y coordinar una experiencia académica de tal envergadura, una que reúne a profesores de alto nivel y a altos ejecutivos de empresas de todo el mundo, todos muy solicitados. En general, le doy las gracias a IE por su visión y por haberme permitido formar parte del primer grupo de personas que emprendieron la aventura diseñada por el programa.

 

¿Qué es lo mejor que te llevas de tu paso por IE Law School?

Sin duda, lo mejor que me llevo es haber ampliado mi red de contactos con mis compañeros y colegas y con los profesores de IE y el resto de profesionales que conocimos durante el programa. En conjunto, todos ellos contribuyeron rápidamente a que ampliara mi perspectiva. Creo que ha sido una odisea personal para todos nosotros. Por supuesto que hemos adquirido conocimientos en nuevas áreas académicas, pero lo más importante es lo que hemos aprendido sobre nosotros mismos. Relacionarse con gente nueva, inspiradora y muy diversa puede ser una experiencia muy exigente a veces, pero hay que ser persistente. Este programa no lo emprende cualquier profesional.

Todos hemos crecido de forma exponencial desde la primera vez que nos vimos, y todavía seguimos manteniendo el contacto. Sinceramente, creo que he forjado amistades de por vida y he conocido a muchos socios potenciales en el ámbito empresarial y académico. Algunos nos hemos vuelto a encontrar en varios lugares del mundo, y el hecho de tener nuevos amigos en rincones desconocidos y lejanos ha influido en los planes que tengo para el futuro. En un curso como este, el conocimiento que obtienes queda en segundo plano con respecto a lo que finalmente descubres en tu interior.

¿Quieres recibir más información sobre este programa?

Recibir información