El abogado líquido: Un nuevo perfil para una nueva profesión

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Autor: Carlos de la Pedraja García-Cosío, Vicedecano y General Manager IE Law School

Aunque la abogacía es un sector tradicionalmente lento a la hora de adaptarse al cambio, lleva ya casi una década enfrentándose a las consecuencias de la globalización, la digitalización, el poder de los clientes y la entrada al mercado laboral de nuevas generaciones de abogados. Por si esto fuera poco, en los últimos años han aparecido nuevos competidores que han revolucionado los modelos de negocio y los despachos tradicionales, transformando radicalmente el perfil de los abogados corporativos.

Esta transformación en el sector requiere la transformación del abogado corporativo: requiere que el profesional del sector no sólo sea un experto jurídico en la materia de referencia sino también un experto en gestión y que tenga la capacidad de aprender y de desarrollar habilidades no jurídicas, las llamadas “soft-skills”.

Si ya antes se hablaba de la importancia de  habilidades como la creatividad, el “design thinking”, el pensamiento lateral, la capacidad para resolver problemas complejos, la inteligencia emocional, la resiliencia y la flexibilidad (entre otros), en el contexto actual, estas habilidades son aun más relevantes.

En mis últimos viajes a Perú, Colombia, Costa Rica, justo antes de la pandemia que estamos viviendo y sufriendo, hablaba del talento híbrido y de cómo los abogados deberían convertirse en “sirenas” o “centauros” combinando las competencias anteriormente descritas.

¿Pero qué pasará tras el COVID—19? ¿Se mantiene la tendencia  de la que hablábamos antes de esta situación de colapso mundial? ¿Cómo afectará este nuevo mundo a las competencias en el sector jurídico y a los abogados corporativos?

Mark Cohen escribía hace unos meses que esta situación acelerará la transformación del sector jurídico, y no puedo estar más de acuerdo. La nueva situación  está acelerando los cambios de modelo de negocio, dónde el mundo virtual prevalece sobre el físico, dónde el contacto presencial se vuelve remoto, dónde la tecnología y el descubrimiento de nuevas herramientas de comunicación con clientes, proveedores, organismos y abogados constituye la nueva normalidad.

Estamos viendo que es posible otra forma de trabajar, otra forma de asesorar, otra forma de colaborar y que integrando lo mejor del mundo virtual y el físico seremos capaces de reinventarnos. Pero no nos engañemos, de momento está cambiando la forma de trabajar no el modelo de negocio. El cambio de los modelos de negocio serán sin duda el siguiente paso en la evolución del nuevo mundo legal.

Un nuevo repertorio de habilidades

¿Cuáles serán las competencias ganadoras en esta nueva realidad? Lo primero que sabemos es que en el mundo de la abogacía corporativa seguirá habiendo gran cantidad de trabajo, de lo que también somos conscientes es que el tipo de trabajo será diferente, y que cómo ha pasado en anteriores crisis, se necesitan abogados flexibles capaces de dedicarse en cada momento a la “cirugía” precisa: abogados de M&A ahora se dedicarán a restructuring, o a revisión de cláusulas contractuales aplicando diferentes conocimientos jurídicos… abogados procesalistas dedicándose a concursal, a laboral o a los arbitrajes y mediaciones…

En definitiva, cambiarán las áreas en las que habrá más trabajo y los abogados tendrán que ser capaces de aprender rápido nuevas disciplinas en las que no eran expertos previamente…  Esto no es nuevo y los abogados ya tuvieron que enfrentarse a estas situaciones en el pasado.

Pero el gran reto para la abogacía corporativa no radica en esos cambios en competencias jurídicas, sino en el “upskilling”: la capacidad de aprender competencias totalmente nuevas.

Estás competencias tienen que ver con la nueva realidad, más líquida, más volátil que nunca, más incierta, más compleja y sobre todo más ambigua y digital. Es el entorno VUCAD elevado a la enésima potencia, donde tomar decisiones, acertar y prever que nos deparará el mañana se hace cada vez más complicado. Es el momento del liderazgo con mayúscula no del management que se está aplicando en la actualidad, para salvar la situación a corto plazo.

Es la época en la que la tecnología, el análisis de los datos y las métricas cobrarán una importancia capital. El liderazgo habrá que compaginarlo con una buena dosis de creatividad y también de imaginación, porque los abogados que sobrevivirán serán aquellos capaces de imaginarse cómo será la profesión en los próximos años, con la certeza ya confirmada al 100%, de que el pasado nunca volverá.

Y sin duda alguna, uno de los diferenciales de esta nueva era, serán las competencias interpersonales y la inteligencia emocional, dónde la colaboración con clientes, proveedores, competidores, partners, organismos públicos, equipos multidisciplinares serán la clave de la profesión.

El cliente será el centro absoluto del universo jurídico corporativo y las realidades con las que trabajaremos serán cada vez más complejas y multidisciplinares, por ello el desarrollo del pensamiento crítico y del llamado “problem solving” (solución de problemas) serán las competencias más demandadas, junto a la toma de decisiones (“decisión making”).

Acertar no será nada sencillo en los próximos años. Para manejar este nuevo diseño competencial, una de las necesidades más importantes en la abogacía, y aquí vuelvo sobre mis palabras, será la capacidad para aprender rápido (learnability), la capacidad de adaptación y la flexibilidad; sin ellas nada se podría hacer realidad.

La adopción de la tecnología

Como en todas las profesiones, los abogados tienen que “reinventarse para ofrecer los resultados que los clientes desean”, así lo explicó el profesor Richard Susskind OBE, el autor más citado del mundo sobre el futuro de los servicios legales.

En este contexto, los grandes ganadores serán los profesionales resilientes que se adapten y estén abiertos nuevo talento, culturas, perfiles profesionales (no sólo jurídicos) y a experimentar con las nuevas tecnologías.

Adquirir conocimientos tecnológicos y analizar modelos de negocios alternativos es vital en el nuevo mundo del derecho. Una comprensión básica de la tecnología y las herramientas digitales que tenemos a nuestra disposición, abre un mundo de nuevas oportunidades para lo profesionales buscan acceder a un nuevo mercado de servicios legales, mejorando drásticamente la calidad, la velocidad y el acceso a los servicios jurídicos al tiempo que reduce las ineficiencias y los costes.

Es la era del liquid lawyer

En definitiva, el nuevo mundo jurídico exige también un nuevo perfil de abogado, que me atrevo a bautizar como el “liquid lawyer” o el “abogado líquido”, un profesional capaz de adaptarse a diferentes y cambiantes realidades o entornos; capaz de ser flexible, de trabajar en presencial o en remoto, aplicando diferentes sistemas jurídicos, conociendo las posibilidades tecnológicas a su alcance, trabajando con datos y métricas, adaptándose e incluso mimetizándose con sus clientes, tomando decisiones en un mundo en continuo cambio utilizando grandes dosis de creatividad y siendo capaz de liderar a sus equipos en una aventura sin precedentes.

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