Emprendimiento social: hacer el bien ‘y’ hacerlo bien

C. K. Prahalad, el distinguido profesor de universidad y gurú de gestión, acuñó por primera vez la expresión “base de la pirámide” (BoP, por sus siglas en inglés) en su influyente libro de 2004, ‘La fortuna en la base de la pirámide’. En el libro adelantaba que la pobreza podía ser erradicada atendiendo las necesidades de los más pobres del mundo. La BoP representa el grupo más numeroso, pero más pobre socioeconómicamente: más de 4.000 millones de personas o cerca de las dos terceras partes de la humanidad. La mala nutrición, una atención sanitaria mínima y un refugio precario constituyen luchas diarias para este segmento de la población, haciéndole casi imposible llevar una vida productiva.

Emprendimiento social

En términos económicos, las personas que viven en la BoP habitualmente ganan menos de diez dólares al día. Esto significa un acceso limitado o totalmente nulo a cuentas bancarias o créditos debido a la falta de ahorros. A menudo también carecen de agua potable, instalaciones sanitarias y electricidad. Muchos de ellos se centran estrictamente en la supervivencia del día a día, una búsqueda básica de pan o de un aguado bol de arroz.

¿Cómo podemos ayudar a los grupos más vulnerables de la sociedad a formar parte de la economía global? Mientras que los actores que atienden a los pobres del mundo han sido tradicionalmente ONG, organizaciones multilaterales y la sociedad civil, otra parte interesada está afrontando el reto de solucionar sus múltiples necesidades: los emprendedores sociales.

Los nuevos negocios deben dar respuesta a las demandas y necesidades de 4.000 millones de personas que viven en la base de la pirámide.

Emprendedores revolucionarios

Los emprendedores sociales han existido desde hace siglos. Ejemplos tempranos son Florence Nightingale, del Reino Unido, quien fundó la primera escuela de enfermería para mujeres e introdujo por primera vez prácticas de enfermería que todavía se usan hoy en día; o María Montessori, de Italia, quien desarrolló un innovador enfoque de la educación en la primera mitad del siglo XX –un modelo educativo revolucionario que se sigue poniendo en práctica en todo el mundo hoy en día–.

Otros destacados ejemplos más recientes son Muhammad Yunus, del Grameen Bank, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2006 por sus iniciativas de microfinanciación en Bangladés; o Bunker Roy, en la India, quien fundó el Barefoot College, que promueve el desarrollo rural a través de innovadores programas de educación. Rodrigo Baggio fundó el Center for Digital Inclusion en Brasil en 1995. Sus centros comunitarios empoderan a los jóvenes desfavorecidos dándoles formación en tecnologías de la información mediante ordenadores reciclados o donados. El viejo proverbio “Si das a un hombre un pescado, le alimentas un día; si le enseñas a pescar, lo alimentas de por vida” suena a verdad en esta iniciativa, ya que gran parte del emprendimiento social busca hacer a la gente más independiente y autosuficiente en lugar de encadenarla a programas de ayuda que a menudo son insostenibles.

Los emprendedores sociales son personas creativas, visionarias y apasionadas, comprometidas a encontrar soluciones prácticas a los males sociales del mundo, incluidos la pobreza, el hambre, la explotación de niños y mujeres, la falta de educación de las personas desfavorecidas o las enfermedades contagiosas en las regiones pobres, por citar algunos. Son líderes que ven un problema social o ambiental y sienten la imperiosa necesidad de corregirlo. Por lo general, sus empresas no tienen ánimo de lucro, pero tampoco son raras las iniciativas de emprendimiento social que sí lo tienen. Sin embargo, mientras que el emprendedor de negocios busca el beneficio y la creación de valor lanzando nuevos servicios o productos, el objetivo principal del emprendedor social es el impacto social en la comunidad en general.

Acceder a este vasto mercado debería ser inspirador para los emprendedores que buscan hacerlo bien mientras hacen el bien.

Si no da dinero, ¿tiene sentido?

Algunos pueden pensar erróneamente que el emprendimiento social no es rentable. Aunque la mayoría de los emprendedores sociales no se mueven por el beneficio económico, necesitan ser sostenibles con el fin de maximizar su impacto. Buscan beneficios y, además, impacto social incluso cuando este último es lo más importante.

¿Cuán grande es el mercado de la BoP? ¿Representa una oportunidad real de negocio para los emprendedores sociales y comerciales? Según muchos economistas, la BoP constituye un mercado global de 5 billones de dólares, con más de 3,5 billones de dólares solo en el sudeste asiático. De hecho, los ingresos diarios de más de 4.000 millones de personas –sin importar lo pobres que sean– suman una cantidad considerable de dinero. Las oportunidades en este mercado se encuentran principalmente en el suministro de alimentos, las viviendas asequibles, la microfinanciación, el acceso al agua y la educación primaria.

Acceder a este vasto mercado debería ser inspirador para los emprendedores que buscan hacerlo bien mientras hacen el bien. Pueden tener éxito en áreas y mercados en los que gobiernos y ONG internacionales han fracasado anteriormente debido a la falta de recursos, innovación o competitividad.

Mientras hablaba sobre la competencia, el presidente de Ruanda, Paul Kagame, afirmó: “La parte más interesante que yo veo en la competencia es que da a las personas el sentimiento de que son valoradas e importantes, de que son tan capaces, dotadas y talentosas como cualquier otra”. Si queremos ver un cambio real en el mundo, este espíritu de competencia llevará a los emprendedores sociales a competir y proporcionar productos y servicios a los más pobres del mundo, restaurando así su dignidad como clientes apreciados y miembros valiosos de la sociedad.

 

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