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Inteligencia competitiva y económica

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En cuestión de días, los escenarios económico, político y social cambian, generando consecuencias que afectan a las empresas, a sus grupos de interés y, por tanto, a la seguridad económica del país en el que desarrollan su actividad. En el entorno VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) en el que nos encontramos, la inteligencia constituye una ventaja competitiva.

Asociamos la seguridad a una cuestión física y natural de protección humana, con reacciones como el miedo a un conflicto bélico o a un ataque terrorista. Sin embargo, la seguridad tiene también mucho que ver con el impacto que puede tener el incremento del desempleo, los tipos de interés, las deudas o la inflación y, en consecuencia, el poder adquisitivo. De hecho, existen numerosos estudios que relacionan el número de suicidios, infartos y depresiones con las crisis económicas.

Sin duda, la seguridad se encuentra también íntimamente relacionada con las empresas, por lo que es necesario reforzar al máximo su salvaguarda, ya sean conglomerados industriales o pymes. Su éxito también repercute en el entorno en el que desarrollan su actividad.

Cada vez resulta más determinante tener información fiable y capacidad de análisis para evitar decisiones impulsivas con un alto nivel de incertidumbre.

Empresas y países

En ocasiones, las empresas y los fondos de inversión son tan grandes que pueden compararse en materia económica con muchos países, atendiendo a sus ingresos y recursos. Recientemente, el World Bank publicaba que, de las 100 economías más grandes del planeta, solo 31 eran países, mientras que las 69 restantes eran corporaciones empresariales. Sin perjuicio de que el ranking pueda dar lugar a dudas en el sentido de si las magnitudes utilizadas son realmente comparables (facturación empresarial versus PIB nacional), sí muestra el peso relevante, en aumento cada año, de las corporaciones, con empresas como Walmart en el puesto 10; State Grid, China National Petroleum y Sinopec ocupando los puestos 14, 15 y 16, respectivamente; Royal Dutch Shell, en el 18; y Exxon Mobil, Volkswagen y Toyota en los puestos 21, 22 y 23.

Sin embargo, la cuestión de la seguridad no se limita únicamente a las empresas, sino que atañe a cualquier estructura organizativa. Podríamos decir que prácticamente todos los países, de una manera u otra, tienen servicios de inteligencia, aunque con denominaciones distintas, con unos fines muy determinados: conseguir información, analizarla y distribuirla para ayudar en la toma de decisiones. Por tanto, no es de extrañar que las empresas, en ocasiones tan grandes y tan poderosas, también cuenten con este servicio.

En ese sentido, las empresas se enfrentan a tres grandes desafíos: la internacionalización, la innovación y el análisis de inteligencia, ante los que es fundamental introducir e incorporar la inteligencia económica y competitiva en el entorno organizativo. Cada vez resulta más determinante tener información fiable y capacidad de análisis para evitar decisiones impulsivas con un alto nivel de incertidumbre.

El objetivo es ser más competitivos, aumentar el poder de influencia de la organización y ser capaces de defender no solo sus activos materiales, sino también los inmateriales.

Inteligencia para una mayor competitividad

La implantación de la inteligencia en el ámbito económico es dispar en los distintos países y va asociada a muchos factores, como la necesidad de competir y de diferenciarse, con el importantísimo activo de la información como poder. Grandes potencias económicas, como Alemania, Japón o Suecia, que durante siglos han creado una estructura en algunos casos desde el Estado hacia las empresas (top-down) y en otros casos de las empresas hacia el Estado (bottom-up) se han servido de ello para su desarrollo. En estos casos se crean estructuras de integración entre los principales grupos de interés, como son los servicios públicos, las asociaciones empresariales, las universidades, los sindicatos o la diáspora de expatriados. Es el caso en Japón de las sogo shosha, de fomento de la exportación, y los keiretsu, organizaciones empresariales para el desarrollo científico y la financiación estratégica. Otra referencia son los chaebols, de Corea del Sur, consistentes en conglomerados de empresas con un importante desarrollo en el intercambio de información. Posteriormente, cada vez más países han ido desarrollando este tipo de estructuras, como es el caso de Francia, China, Estados Unidos y, especialmente desde la última década, España.

De esta forma, podemos distinguir la inteligencia en función de quién la lleve a cabo. En el caso de la realizada por los servicios públicos, hablamos de “inteligencia económica” y, en caso de que sea realizada por las empresas, de “inteligencia competitiva”. Si la inteligencia se centra en el manejo de datos y en una metodología cuantitativa, nos encontraríamos ante lo que denominamos business intelligence o “inteligencia de negocio”. Conceptualmente, y siguiendo la definición del Equipo Económico del CNI, nos encontramos ante una función que sigue un proceso organizado, metodológico, dentro del marco regulatorio y ético, y, por tanto, diferente del espionaje industrial que cinematográficamente es muy entretenido, pero que no debe pertenecer a la labor empresarial.

Este proceso consiste en aplicar el ciclo de inteligencia, que comienza con la planificación de las acciones para posteriormente proceder a obtener información y analizarla. Haciendo una analogía con un proceso de alquimia, sería convertir el plomo, es decir, la información, en oro, al que vendría a equivaler la inteligencia, para después difundirla entre los responsables que la requieran para ayudarles en la toma de decisiones. El objetivo es ser más competitivos, aumentar el poder de influencia de la organización y ser capaces de defender no solo sus activos materiales, sino también los inmateriales. Se trata de un desafío estratégico, en un entorno más global y competitivo, en el que la información cobra cada vez más relevancia y los demás jugadores, en ocasiones apoyados por el sector público y en otras ocasiones agrupados con otros aliados empresariales, realizan estas acciones.

 

Héctor Izquierdo Triana, profesor de Control de Gestión y Finanzas en IE Business School y subdirector de la Escuela de Inteligencia Económica del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid.

© IE Insights.

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