Resiliencia

Resiliencia

En un mundo en constante cambio, en el que la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad se han convertido en la norma, estamos sufriendo niveles crecientes de ‘burnout’ y estrés relacionado con el trabajo.

En febrero de 2018, The Guardian informó de los hallazgos de una investigación del Health and Safety Executive (HSE) del Reino Unido, que encontró que “526.000 trabajadores en el Reino Unido sufrieron estrés relacionado con el trabajo, depresión o ansiedad en 2016-2017 y 12,5 millones de días laborables se perdieron como resultado en ese período”. En agosto de 2018, el CNBC informó de que un “reciente estudio de Gallup a casi 7.500 empleados a tiempo completo encontró que el 23 % afirmó sentirse quemado en el trabajo muy a menudo o siempre, mientras que un 44 % adicional dijo sentirse quemado algunas veces”. Gallup estima que eso supone entre 125.000 millones y 190.000 millones de dólares en gastos de atención médica cada año.

Nadie es inmune: estrés, sucesos traumáticos y tragedias personales impactan en nuestras vidas en momentos diferentes y de maneras diferentes. Mejorar nuestra resiliencia es una de las formas de que, como individuos, podamos conseguir los recursos necesarios para adaptarnos y recuperarnos rápidamente en tiempos difíciles y cambiantes.

La American Psychological Association (APA) define la resiliencia como “el proceso de adaptarse bien frente a situaciones adversas, traumas, tragedias, amenazas o fuentes importantes de estrés”. En otras palabras, se trata de tu habilidad de recuperación: la capacidad de estar presente en una situación, reconocer los desencadenantes, identificar lo que se requiere y desarrollar y ejecutar las acciones positivas necesarias para seguir adelante. Sin embargo, aunque podemos estar de acuerdo e identificarnos de manera demasiado confiada como personas resilientes, las estadísticas demuestran lo contrario. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Mejorar nuestra resiliencia es una de las formas de que, como individuos, podamos conseguir los recursos necesarios para adaptarnos y recuperarnos rápidamente.

La buena noticia es que la resiliencia se puede aprender y desarrollar. Existen varios factores que contribuyen a mejorar tu resiliencia:

  • Generar una mayor frecuencia de emociones positivas.
  • Mayor autorregulación de las emociones, evitando fluctuaciones extremas de tu estado emocional.
  • Mantener relaciones positivas.
  • Tener un propósito, un sentido en la vida.
  • Conocer y entender tus puntos fuertes.
  • Autoconfianza y tener una imagen positiva de tu “yo”.
  • Elaborar un plan de acción realista.
  • Motivación para ejecutar ese plan de acción.
  • Desarrollar una actitud positiva.

Durante los momentos de estrés deberíamos ser más conscientes de nuestra salud y tratar de mejorar nuestro “cuidado personal”.

Entonces, ¿cómo puedes mejorar tu resiliencia personal?

  1. Salud. Empieza por reconocer el estrés y su impacto en tu cuerpo y tus hábitos. Cuando estás estresado, ¿duermes menos? ¿Comes más comida basura y menos comida nutritiva? ¿Haces ejercicio? ¿Cuánto tiempo pasas sentado en el sofá viendo la televisión o pegado a tu teléfono móvil? Durante los momentos de estrés deberíamos ser más conscientes de nuestra salud y tratar de mejorar nuestro “cuidado personal”. Come bien y a menudo. Haz ejercicio más frecuentemente durante la semana. No te vayas a la cama con el móvil; céntrate en conseguir la cantidad de horas de sueño que necesitas.
  2. Siente emociones positivas con más frecuencia. Ponte un ritual diario de hacer un ejercicio de agradecimiento (“Tres cosas por las que estoy agradecido hoy”) antes de irte a dormir cada noche o practica regularmente la meditación de la bondad amorosa (la cual puedes encontrar en http://www.positivityresonance.com/meditations.html). Otras herramientas cognitivas, como Flipping it y Reframing, ofrecen una forma diferente de ver una situación y puedes utilizarlas a lo largo de la jornada laboral para ayudarte a tener una perspectiva alternativa durante períodos estresantes o duros.
  3. Rechaza tus pensamientos negativos. Estamos programados para ver lo negativo de las situaciones. Es parte de nuestra naturaleza evolutiva. Es también la razón de que tendamos inmediatamente a ver el peor caso en situaciones estresantes y de que podamos terminar en una espiral descendente de emociones. Por tanto, salir de esta forma catastrófica de pensar es una habilidad importante que debemos conseguir. Puedes hacerlo enumerando los peores escenarios que ocupan tu mente y confirmando o refutando tus presunciones de cada uno. Examina racionalmente y desafía cada presunción. Hacer esto ayuda a disipar tus pensamientos negativos y coloca la situación en un contexto más racional y moderado.
  4. Utiliza tus puntos fuertes. Identifica tus fortalezas. Para ello, puedes utilizar dos plataformas: www.viacharacter.org y www.gallupstrengthscenter.com. Reflexiona sobre cuándo las has usado y cómo te han permitido lograr el éxito. Utiliza estos talentos innatos en tu beneficio: durante períodos duros o estresantes, tendemos a centrarnos en nuestras debilidades –en nuestro propio perjuicio–. Esto nos lleva a una espiral negativa. Mira en qué eres bueno y en qué destacas, identifica dónde pueden ayudarte estas habilidades en una situación concreta y úsalas.
  5. Mejora tu conciencia situacional. Conoce lo que sucede a tu alrededor. Relaciónate con otras personas más allá de tu círculo inmediato tanto en el trabajo como en casa. Logra un mayor conocimiento de los sucesos que ocurren en otro lugar y cómo te pueden afectar. Hacerlo así te proporciona la oportunidad de identificar rápidamente señales de alerta y, por tanto, te da una mayor cantidad de tiempo para hacer tu planificación.
  6. Toma el control. Haz una lista con lo que puedes controlar en un lado y lo que no puedes controlar en el otro. Eso te ayuda a conseguir perspectiva. No tendrás el control de ciertas áreas, así que ¿por qué preocuparse por ellas? Céntrate en lo que puedes controlar y elabora un plan centrado en las acciones positivas para ejecutarlo. Eso proporciona claridad y propósito.
  7. Forja relaciones positivas y comprensivas. Pasa tiempo entablando relaciones positivas basadas en la reciprocidad (creación de un valor compartido), la vitalidad (energía) y el aprecio positivo (respeto, compasión y confianza del uno hacia el otro). En períodos estresantes, tanto en tu vida profesional como en la personal, te apoyarás en estas relaciones para obtener ayuda. Sal fuera de tu espacio mental y relaciónate activamente con aquellos a quienes valoras y en quienes confías. Busca consejo, consuelo, apoyo y diversión en ellos. La soledad y el aislamiento afectarán negativamente a tu resiliencia personal.

Nuestros niveles personales de resiliencia fluctúan durante nuestra vida, según cambian nuestras circunstancias y nuestro entorno y según cambiamos nosotros mismos. Sin embargo, tener un conjunto de herramientas disponibles para ayudarnos durante períodos de renovación y recuperación nos proporciona los cimientos necesarios para mejorar nuestra salud, bienestar, felicidad y, en última instancia, resiliencia.

 

© IE Insights.

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