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Reafirmando el valor del individuo

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Se dice que una crisis es el tiempo que media entre una era que se muere y otra que todavía no acaba de nacer. Sin duda la del coronavirus va a suponer un antes y un después en nuestro modelo de vida.

Ignacio Álvarez de Mon, Profesor de Liderazgo en IE Business School


 

Todavía no conocemos el alcance de las consecuencias de la crisis del coronavirus a corto, medio o largo plazo. No sabemos cuáles serán sus efectos a la larga en el ámbito de la salud, ni cuántas vidas se perderán a su paso. Tampoco tenemos una idea clara de cuál será su impacto económico, aunque podemos suponer que será grave y duradero, provocando el cierre de muchas empresas y un aumento disparado del desempleo.

Los gobiernos, organizaciones, empresas y la sociedad en general responderán de la manera que puedan, para bien o para mal. No obstante, ¿quién constituye la sociedad? ¿Quién constituye las empresas y organizaciones? ¿Quién elige los gobiernos en aquellos lugares donde se permite el voto? Al fin y al cabo son las personas las que componen este mosaico institucional que en conjunto constituye lo que conocemos como sociedad.

Oportunidad para el cambio

La crisis es un tiempo de convulsión, sufrimiento, incertidumbre, miedo, inseguridad…; lo es también de cambio, oportunidad, despertar, motivación, creatividad, iluminación… Como todos los grandes momentos de la humanidad, las crisis son situaciones ideales para sacar lo peor y lo mejor de cada uno. La del coronavirus es pues, entre otras muchas cosas, una gran invitación para que cada quién ofrezca su mejor versión. ¿Cuál es tu mejor versión? ¿Qué puedes hacer desde ella?

El coronavirus nos obliga a estar recluidos en casa, pero también nos invita a saber retirarnos del mundanal ruido, leer, reflexionar, experimentar el silencio, conectar con lo que somos, identificar nuestra verdadera identidad, meditar, aprender a estar solos… Esta epidemia fuerza a dejar de ver a la gente, pero también nos anima a convivir con los nuestros, los más cercanos, a observarlos, atenderlos, disfrutarlos… En este mundo de redes sociales, de vida virtual y online, es oportuno que echemos de menos a seres queridos a los que no podemos tocar, abrazar, mirar a la cara o pasear.

Reevaluar lo importante

Nuestra salud está en peligro, nuestros ahorros en riesgo, nuestros empleos… ¿quién sabe qué será de ellos? Es momento de valorar y de agradecer lo que hemos tenido, lo que aún tenemos. Esta sociedad de consumo masivo e indiscriminado nos ha hecho olvidar que las cosas más importantes de la vida no están sometidas a la ley de la oferta y demanda, o no deberían estarlo. Es tiempo para la colaboración, la generosidad, para pensar en el otro a la par que en uno mismo. ¿Tengo síntomas?, ¿pertenezco a un grupo de riesgo?, ¿hay otros en peor situación que yo?, ¿hago mejor quedándome en casa que yendo al hospital? Estos son instantes para la verdadera solidaridad, para la toma de conciencia de que todos somos uno, de que todos dependemos de todos… Es hora de ofrecer nuestro mejor ejemplo y actuar.

Se dice que si una crisis como ésta no te mata, sales reforzado de ella. Saquemos fuerzas de flaqueza, levantemos las miradas hacia un futuro más prometedor y, eso sí, aprendamos algo de la experiencia. Aprender a ser mejor persona es un quehacer diario más que recomendable, pero ahora mismo es una perentoria necesidad. Si lo logras, por añadidura, serás una invitación permanente para la mejor versión de todos los demás.

La vida es como es y hay que aceptarla como nos viene. Muchas circunstancias de nuestra existencia, las más importantes, sin duda, no las podemos controlar. El coronavirus es una especial ocasión para reconocer con humildad que somos vulnerables, que en lo esencial somos todos iguales, que la vida, a menudo, no te da lo que quieres, sino lo que necesitas; lo que necesitas, ¿para qué?, para aprender, crecer, evolucionar y amar.