Volver

El abogado T: un perfil integral

newfrontiers-lawahead-2-1024x699.jpg

Tecnología, finanzas, gerencia, relaciones públicas, oratoria, entre otras: hoy un abogado debe saber más que de leyes.

La tecnología ha modificado todas las maneras en las que nos acercamos al conocimiento y cómo que nos relacionamos en todas las esferas de la vida. La rapidez con la que se consume la información en todos los ámbitos demanda cada vez más profesionales integrales y el Derecho no escapa de esto.

El perfil de un abogado se ha modificado y los clientes demandan habilidades que tradicionalmente no son enseñadas en las escuelas de Derecho. Tecnología, finanzas, gerencia, relaciones públicas, oratoria, entre otras: hoy un abogado debe saber más que de leyes.

En inglés, se ha definido como el T Shaped Lawyer. En términos simples, un profesional T es aquel que tiene una gran experiencia en una disciplina, fusionada con habilidades y conocimientos de otras áreas que facilitan la colaboración con especialistas de diferentes prácticas. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Cambridge, los profesionales T son “personas emprendedoras y capaces de pensar en los muchos roles que pueden cumplir en su vida profesional”.

La labor del abogado debe trascender a la de un simple asesor, afirma Michele De Stefano, quien es profesora en el Miami Law School y fundadora de la organización Law Without Walls. “Los clientes quieren abogados que cierren la brecha entre la práctica privada y el servicio completo. Piden a los abogados que aprovechen la tecnología de manera diferente para innovar, colaborar de forma conjunta y asociarse para resolver problemas. Para ser un experto en legislación hoy, como mínimo, los abogados deben centrarse en los negocios y tener una mentalidad empresarial, y ser capaces de aprovechar la tecnología y las redes sociales en beneficio de sus clientes”, completa.

Kevin Doolan, socio del Møller Institute del Churchill College en la Universidad de Cambridge, añade que los clientes quieren que los abogados entiendan sus negocios y lo que sucede en su sector. “El consejero de un importante proveedor de gas dijo: ‘si no entiendes mi negocio, no puedes darme un buen consejo’. No esperan que los abogados tengan una maestría, pero sí que hagan las preguntas adecuadas y sean capaces de desarrollar sólidas relaciones comerciales con ellos”, explica.

 

Soft Skills

“Es evidente que se ha creado una brecha entre las expectativas del cliente y el servicio recibido. Una de las formas para reducir esa brecha es precisamente entender las necesidades del cliente y entender la necesidad de adquirir las competencias y habilidades requeridas”, sostiene Fernando Peláez-Pier, director del Lawyer’s Management Program para Latinoamérica del IE Law School. Asegura que estas habilidades deben convertirse en cualidades. Y enumera como necesarias, entre otras:

  • Nuevas tecnologías.
  • Administración y gestión de proyectos.
  • Técnicas de mercadeo y promoción.
  • Técnicas de comunicación y relaciones interpersonales.
  • Desarrollo del liderazgo.

Innovación es, además, otra de las características. Un abogado integral es aquel capaz de ofrecer soluciones innovadoras de 360° a las demandas de sus clientes.

“Todos los abogados deben aprender a innovar incluso si su modelo de negocio aún está vigente. En el proceso de aprender a innovar, los abogados afinan la mente, el conjunto de habilidades y el comportamiento que satisface a los clientes”, dice De Stefano.

Doolan va más allá y habla sobre la posibilidad de predecir el costo del trabajo legal. Añade que no siempre los clientes buscan una tarifa fija, sino que “entienden que el trabajo puede cambiar, pero quieren comenzar con un plan de costos y que sus abogados discutan con ellos las variaciones”. El especialista agrega que esto también se aplica a los litigios: los clientes necesitan ver el plan y tener discusiones regulares sobre el progreso.

Para adquirir y perfeccionar estas y otras habilidades, hay que trascender a lo que tradicionalmente se enseña en las escuelas de Derecho: “Hoy en día la mejor forma de compensar esas carencias es tomando cursos y participando en programas de formación que desarrollan precisamente todas esas materias que van más allá del derecho y son esenciales para el abogado. Existe una variedad de programas muchos de ellos ejecutivos, presenciales o no que ofrecen una oferta atractiva para el abogado y la firma que tiene interés en invertir en la formación de sus profesionales y dotarlos de las herramientas para enfrentar los retos en la prestación de los servicios legales”, concluye Peláez-Pier.

Fernando Peláez Pier; Michele De Stefano y Kevin Doolan integran parte del claustro del Lawyer’s Management Program para Latinoamérica

Artículo publicado en LexLatin