Acciones para el clima - Un debate de altura

Acciones para el clima: un debate de altura

Todavía hay quien duda de que el cambio climático se esté produciendo realmente. En el ámbito de la comunidad científica existe un amplio consenso respecto a la gravedad del problema; sin embargo, no es tan amplio en el ámbito político. Esta falta de consenso y de diálogo entre ambos campos es precisamente uno de los principales obstáculos para emprender acciones.

A pesar del consenso que se da en la órbita científica acerca del calentamiento global y los efectos del cambio climático, en ciertos entornos existe una mentalidad escéptica que entiende que tratar de restringir las emisiones de carbono supone un obstáculo para el desarrollo económico.

Para los escépticos, el cambio climático no es más que un fraude científico y una vía para que los científicos obtengan recursos para investigar. Sus seguidores aseguran, incluso, que si este se está produciendo, se debe exclusivamente a causas naturales y no antropogénicas; es decir, la acción del hombre nada tiene que ver con él.

Estados Unidos, país cuyos científicos descubrieron el cambio climático y que continúa teniendo la ciencia del clima más avanzada del planeta, no es el único en haber adoptado políticamente esta postura. Rusia es otro ejemplo y muestra interesantes puntos de conexión con el discurso estadounidense.

Ante la ausencia del liderazgo de Estados Unidos y del escepticismo ruso, cuyo mensaje tiene probablemente mucha relación con su dependencia económica del petróleo, otros países tratan de situarse en primera línea para paliar esa desafección con el medioambiente, como es el caso de China o, incluso, la Unión Europea, uno de los principales impulsores de los acuerdos de París.

En ciertos entornos existe una mentalidad escéptica que entiende que tratar de restringir las emisiones de carbono supone un obstáculo para el desarrollo económico.

2020: de Kioto a París

La realidad es que tan solo alrededor del 19 % de nuestra energía proviene de energías renovables y el 2,6 %, de la nuclear. Eso significa que casi el 80 % del mix energético actual, basado en los combustibles fósiles, produce emisiones de carbono y el escenario que se presenta para el horizonte del año 2035 parece indicar que la situación no cambiará mucho.

Las políticas actuales contra el cambio climático tienen como marco de referencia el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, que vendrá a sustituir al primero una vez que este expire en 2020. La solución dispuesta en ambos acuerdos se basa en el concepto denominado cap and trade, que consiste en crear un precio de mercado para las emisiones y abordar así las posibles externalidades negativas de la quema de combustibles fósiles.

Se trata de una forma de incentivar económicamente a aquellos países que muestren su eficiencia en la reducción de emisiones, permitiéndoles vender permisos a otros países que no sean tan eficientes. El cambio climático se entiende así desde una perspectiva de fracaso de mercado, por la cual los contaminadores no estarían pagando las consecuencias de sus acciones contaminantes.

Sin embargo, el Protocolo de Kioto no obtuvo los resultados deseados: el objetivo era reducir las emisiones globales un 5 %, tomando como referencia las cifras de 1990, cuando la realidad muestra que se ha producido un incremento de las emisiones globales de aproximadamente un 25 %.

Lejos de suponer una esperanza en la lucha contra el calentamiento global, el Acuerdo de París puede enfrentarse a similares dificultades en su cumplimiento, por basarse esencialmente en el mismo tipo de acciones y estrategias que el Protocolo de Kioto.

La redefinición del concepto de “cambio climático” resulta clave: habría que pasar de entenderlo exclusivamente como un fracaso del mercado a verlo como un dilema de seguridad.

¿Cuáles son las alternativas?

Desde el momento en el que el marco internacional parece no funcionar, es preciso buscar alternativas que pasen por una mayor diversificación de las políticas, con el propósito de mitigar las emisiones y de adaptarse a las consecuencias del cambio climático que ya estamos padeciendo, como el mayor tamaño y virulencia de los incendios forestales en gran parte del mundo, la subida del nivel del mar, la mayor frecuencia de episodios de temperaturas extremas, etc.

Una de las medidas que podrían tener un mayor éxito es superar el concepto cap and trade y gravar el carbón con un impuesto lo suficientemente alto como para reducir el uso de este material fósil –y, por tanto, las emisiones–, para incentivar así el desarrollo de tecnologías libres de carbón.

Este instrumento resultaría más predecible frente a la volatilidad del mercado de las emisiones, sería más fácil de implementar y de legislar, gozaría de mayor transparencia frente a la opacidad del cap and trade, lo que lo haría menos manipulable, y podría ser aplicable a todos los sectores económicos emisores, incluidos los “difusos”, es decir, la ciudadanía.

Además de esta vertiente económica, las soluciones a este problema tan complejo deben pasar también por la búsqueda de alternativas políticas al actual régimen internacional de negociaciones multilaterales. En este sentido, la redefinición del concepto de “cambio climático” resulta clave: habría que pasar de entenderlo exclusivamente como un fracaso del mercado a verlo como un dilema de seguridad.

El dilema se define de la siguiente manera. Si un estado decidiera no hacer nada para atajar el cambio climático, esperando a que otros estados tomaran la iniciativa, un medioambiente deteriorado llevaría probablemente a una crisis de seguridad nacional. Si, por el contrario, el estado decidiera actuar de forma unilateral contra él, podría perder competitividad económica con respecto a otros países que no hicieran nada y su seguridad nacional se vería igualmente comprometida.

La solución a este dilema de seguridad pasaría por la búsqueda de soluciones distintas, tendentes más a la inversión masiva en I+D en tecnologías limpias, que se podría canalizar a través de la inversión militar, ámbito del que han surgido muchos de los grandes avances tecnológicos de la historia de la humanidad.

Desde la perspectiva de las opciones tecnológicas, hoy en día no existen alternativas a los combustibles fósiles y es necesario investigar y desarrollar nuevas. Con las que existen actualmente, los escenarios de futuro variarán escasamente: los más realistas hablan de un incremento sustancial de lo nuclear o de las energías eólica y solar, aunque está claro que estas últimas, en su nivel de desarrollo actual, no bastarían.

El cambio climático es, qué duda cabe, una cuestión realmente compleja, tanto desde el punto de vista científico como desde el político, que requiere un mayor diálogo y entendimiento entre ambas esferas: la científica y la política.

Se trata de adoptar soluciones eficaces, para lo cual los políticos deberían dejarse asesorar por los verdaderos expertos científicos, al tiempo que estos últimos deberían abandonar propuestas un tanto ingenuas desde una perspectiva política.

Negociaciones internacionales, nuevas tecnologías y cambios en el marco internacional son medidas necesarias, pero también deben incluirse cuestiones de extrema importancia relacionadas con la forma de gobernar y de gestionar el territorio, además de una redefinición del concepto de seguridad nacional y de las prioridades de inversión en gasto militar.

 

© IE Insights.

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