Gestos que delatan a un orador

Gestos que delatan a un orador… y a su liderazgo

El uso de determinados gestos en una intervención ante el público puede afectar negativamente a la transmisión de autoridad de los ponentes, sean hombres o mujeres. No obstante, existen diferencias entre ambos sexos en cuanto al tipo de errores que se cometen.

El estilo de liderazgo  está relacionado con la capacidad de hablar en público. Analizar los gestos y la comunicación no verbal de un orador es una base para conocer algunos parámetros de su comportamiento como directivo a la hora de gestionar equipos. Este estudio de investigación profundiza en las intervenciones de hombres y mujeres y el uso de sus gestos de cara al público. Ambos sexos cometen errores en la misma proporción, si bien existen diferencias en cuanto a la tipología gestual de unas y otros.

A pesar de tener claro el conocimiento y el mensaje que se quiere transmitir, lograr una empatía con el oyente y mostrar autoridad se convierten en objetivos en los que la conducta gestual del orador puede jugar malas pasadas. De hecho, además del manejo de la voz, la comunicación no verbal utilizada en una exposición está contemplada como uno de los transmisores de autoridad ante la audiencia. Así como algunos gestos potencian esa percepción de poder, otros pueden restar niveles de autoridad.

Tanto el recurso de protección con las manos como el de dar pasos cortos pueden denotar acciones de salir huyendo o de luchar, reacciones automáticas de nuestro sistema nervioso simpático.

Diferencias y semejanzas en los gestos de hombres y mujeres

Tanto hombres como mujeres repiten los mismos gestos en sus intervenciones, posiblemente  para protegerse ante el público. Desde la perspectiva emocional, la exposición ante un grupo grande de personas es sinónimo de someterse a un juicio, de manera que la opción gestual actuaría como un elemento natural de protección de la autoestima.

El análisis ha detectado que ambos sexos recurren, por este orden, a movimientos defensivos con las manos, posturas desequilibradas y desplazamientos repetitivos con los pies. Tanto el recurso de protección con las manos como el de dar pasos cortos pueden denotar acciones de salir huyendo o de luchar, reacciones automáticas de nuestro sistema nervioso simpático. Ambos gestos podrían proceder del sistema nervioso como mecanismo de autodefensa en situaciones de peligro.

Donde sí se detectan diferencias entre sexos es en la tipología de los gestos. En este sentido, las mujeres tienden, más que los hombres, a adoptar una postura más ladeada y a pegar los brazos a los lados del cuerpo. Ellos son más propensos a dar pasos cortos de manera más reiterativa, así como a usar rellenos verbales, como “Eeeh…” o “Uhm…”.

Así como algunos gestos potencian esa percepción de poder, otros pueden restar niveles de autoridad.

Gestos que pueden influir negativamente en la audiencia

¿Qué gestos y por qué se consideran un error en la transmisión de autoridad al público? Aquí conviene analizar acciones que van desde el contacto visual hasta el movimiento y uso de los brazos. Respecto a la mirada, sería un error fijar la atención en una sola persona o mirar hacia abajo o hacia atrás para evitar mantener el contacto con la audiencia. En cuanto a la expresión facial, es habitual una menor frecuencia de movimiento de los músculos de la cara como reflejo de un estado de tensión en el orador.

A la hora de analizar los gestos realizados con las manos, sería un error juntarlas sin más propósito que la protección frente al público, introducirlas en los bolsillos o, por ejemplo, jugar con un bolígrafo con el fin de descargar tensión. Hay que destacar que el uso de los gestos con las manos es el más utilizado por los individuos (64 %), de tal manera que estos gestos son los que más pueden modificar su transmisión de autoridad.

Por otro lado, sería un error una postura en la que el peso se apoya sobre una cadera, al revelar inseguridad. Este es el segundo gesto más frecuente en los oradores (58 %). Una postura ladeada del ponente buscaría de manera inconsciente transmitir a la audiencia que está en sintonía con ella y que no representa ninguna amenaza.

Hombres y mujeres (el 42 % de los casos) buscan descargar su tensión al hablar moviéndose por el escenario sin un propósito concreto. Se trata de otro error más, puesto que en muchas ocasiones los movimientos cortos con los pies no aportan consistencia al contenido que se está expresando con la palabra. Moverse sin un propósito claro expresa indeterminación y no contribuye a la transmisión de autoridad.

El uso de los gestos con las manos es el más utilizado por los individuos (64 %), de tal manera que estos gestos son los que más pueden modificar su transmisión de autoridad.

Clasificación de errores frecuentes entre sexos

Analizados los gestos por los errores que conllevan, se puede establecer una clasificación de los tipos de errores más frecuentes entre hombres y mujeres en su condición de oradores:

  • Las diferencias más significativas en los hombres se centran en el uso que hacen del escenario, así como en el abuso de rellenos verbales. El 46 % de los hombres, frente al 38 % de las mujeres, caen en el error de dar pasos innecesarios desde su espacio. Esto podría ser debido a una mayor tendencia natural en los hombres a ocupar espacio y ser territoriales. Por otro lado, los hombres usan rellenos verbales en una proporción que dobla a la de las mujeres.
  • Ellas, por su parte, pegan los brazos al cuerpo a modo de protección, en una postura que resta expresividad a los gestos a través de las manos. Es una incidencia llamativa que se podría explicar hipotéticamente por una menor agresividad natural asociada a las mujeres en comparación con los hombres. Además, es igualmente indicativo que el 66 % de las oradoras analizadas descansen el peso sobre una cadera en lugar de distribuirlo sobre las dos.

Es interesante comprobar cómo tanto hombres como mujeres caen en la misma proporción de errores, aunque diferentes, al hablar en público. Una de las claves para corregir y eliminar estos comportamientos podría residir en un mayor tiempo de preparación del ponente, lo que posibilitaría un menor grado de tensión en su intervención.

 


Acerca de la investigación

 

  • Muestra:

–    200 hombres y 200 mujeres ponentes.

–    Intervenciones de entre 30 y 60 segundos.

–    Rango de edad de entre 25 y 35 años.

  • Tiempo de preparación de la ponencia de entre 3 y 20 minutos.
  • Temas sencillos como un hobby o la carrera profesional.
  • Puntos analizados:

–    Contacto visual.

–    Expresión facial.

–    Gestos con las manos.

–    Postura.

–    Uso del escenario.

–    Inflexión vocal.

–    Rellenos verbales.

–    Uso de los brazos.


 

© IE Insights.

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